Lectura #6 – Club de lectura Astra 2026

Los retornados

Cristian Cristino

Ciclo VI – Sesión del 1 de septiembre de 2026
Lectura: Los retornados, de Cristian Cristino (Chile, 2024)

El sexto ciclo del Club de Lectura ASTRA continuó con Los retornados, de Cristian Cristino, una obra que cruza poesía, ciencia ficción, dramaturgia y memoria histórica. La sesión comenzó con pocas personas conectadas y cierta incertidumbre sobre la convocatoria. La premisa del libro puede formularse como una pregunta: ¿qué ocurriría si las víctimas de desaparición forzada y los ejecutados políticos de la dictadura pudieran regresar?

En el futuro imaginado por Cristino, el Estado chileno desarrolla un programa de reconstituciones tecnobiológicas que promete devolver las víctimas a sus familias. Sin embargo, quienes regresan no son exactamente las personas desaparecidas. Son cuerpos construidos mediante fotografías, testimonios, actas judiciales, informes forenses, recuerdos ajenos, cartas astrales y modelos aproximativos de personalidad.

Los retornados representan a los muertos, pero no son los muertos. Deben reconocer a personas que nunca conocieron, memorizar experiencias que no vivieron y responder a las expectativas de quienes solicitaron su regreso. Han sido fabricados para rellenar un vacío y no pueden defraudar. El programa, presentado como una política de reparación, termina convirtiendo la memoria en tecnología, burocracia, mercancía y espectáculo.

Horacio fue el primero en compartir sus impresiones. Como lector argentino, sintió que algunas referencias a la historia chilena podían escapársele, pero eso no impidió que el libro lo conmoviera. Destacó su profusión expresiva, su carácter profundamente poético y la magnitud del trabajo de composición. Al principio temió encontrarse con una obra demasiado densa; después, una vez dentro de su ritmo, quedó sorprendido por su atrevimiento.

No fue una lectura que pudiera realizar de corrido. El texto lo obligaba a detenerse y tropezar en cada página. Esa dificultad no apareció como un defecto, sino como parte de la experiencia propuesta por el libro. Las frases entrecortadas, los cambios tipográficos, las voces que se superponen y las referencias que se acumulan impiden avanzar de manera transparente. Leer Los retornados significa aceptar que no toda la información podrá ordenarse inmediatamente.

La complejidad formal atravesó buena parte de la conversación. Claire Mercier reconoció que le había costado leer la obra y que todavía le debía una segunda lectura. Su distancia respecto de la poesía volvió más exigente el encuentro con un libro que no se organiza mediante una narración convencional. Sin embargo, esa dificultad no le produjo rechazo. Al contrario, la llevó a valorar el riesgo de una obra que interviene su propia forma y construye un objeto literario difícil de clasificar.

Claire observó que la ciencia ficción suele hablar menos del futuro que del pasado y de las formas en que ese pasado continúa actuando sobre el presente. Desde esa perspectiva, Los retornados no utiliza la especulación solamente para imaginar una tecnología imposible. La emplea para preguntar qué hacemos con las víctimas, cómo administramos su recuerdo y qué ocurre cuando una sociedad intenta cerrar una herida sin haberla comprendido.

El libro comienza como una conversación con un asistente virtual: una voz se presenta como experta en línea, anuncia que está allí para escuchar y pregunta si el interlocutor tiene dónde anotar. Desde ese momento, el relato adopta la forma de una explicación, una consulta o un procedimiento administrativo que intenta reconstruir qué sucedió con el programa.

La interfaz reaparece hacia el final y completa una estructura circular. Después de atravesar testimonios, recuerdos, documentos, pesadillas y escenas de violencia, la obra termina con la pregunta automática de cualquier servicio digital: “¿Esta información fue de tu ayuda?”. La memoria histórica queda atrapada en el lenguaje de la atención al cliente, reducida a una experiencia que podría evaluarse con un clic.

Priscila Oses llegó al libro esperando una narración especulativa y se encontró con un cuerpo poético fragmentado. El cambio la descolocó, pero también le permitió aproximarse de otra manera a la pregunta central. Le interesó especialmente la transformación de la memoria en un producto marcado, clasificado y puesto en circulación por el Estado y el mercado.

Los cuerpos retornados han sido fabricados con los rastros que dejaron las personas desaparecidas. Documentos judiciales, fotografías, testimonios, informes de autopsia y recuerdos familiares se ensamblan para levantar una identidad. Aquello que debía restituir una vida termina revelando la imposibilidad de reconstruirla por completo. Siempre falta algo que ningún expediente puede contener.

Priscila destacó la oscilación del libro entre lo conmovedor y lo sarcástico. La obra puede acercarse al dolor de una familia y, pocas páginas después, exhibir el absurdo administrativo del programa. Esa convivencia de tonos impide una lectura únicamente solemne de la memoria. El humor no elimina la violencia, sino que muestra las formas grotescas que puede adoptar un sistema cuando intenta gestionar lo irreparable.

La primera parte, “Oratorio”, presenta el anuncio de las reconstituciones y sigue a una familia que solicita el regreso de un abuelo desaparecido. Antes de su llegada, cada integrante debe prepararse para recibirlo. El libro convierte esa preparación en una parodia de la gestión de proyectos: capacitaciones, protocolos de bienvenida, dinámicas grupales, cronogramas y equivalencias en horas de trabajo. Cada familia se vuelve su propia carta Gantt.

Cuando finalmente aparece, el abuelo retornado es un muchacho hermoso venido desde otro tiempo. Su juventud contrasta con la vejez de quienes lo esperaron durante décadas. Para sus nietos existen ahora dos abuelos: el hombre inmóvil de la fotografía y el retornado que puede caminar por la casa, aunque no conserve los recuerdos que deberían pertenecerle.

La abuela nunca consigue aceptarlo. Para el resto de la familia, el retornado puede ocupar parcialmente el lugar del desaparecido. Puede asistir a un funeral, conducir un automóvil y pronunciar las palabras que los demás necesitan escuchar. Para ella, en cambio, la diferencia es imposible de ignorar. Conserva una memoria íntima de su marido que ninguna reconstrucción documental puede reproducir.

Esa resistencia expone una de las tensiones centrales de la obra. La memoria no es solamente información. No puede reunirse mediante la suma de datos, imágenes y testimonios. También está compuesta por gestos, silencios, deseos, contradicciones y experiencias corporales que no siempre dejan registro. La fotografía permanece invencible porque no pretende sustituir al muerto. El retornado, en cambio, ha sido creado precisamente para hacerlo.

La pregunta por la reparación apareció varias veces durante la sesión. ¿Puede un cuerpo artificial reparar una desaparición? ¿Basta una apariencia física para que alguien vuelva a ocupar su lugar en una familia? ¿Qué ocurre cuando las personas cercanas reconocen el rostro, pero no encuentran en él los afectos ni la memoria compartida?

El cuerpo fue otro de los ejes de la conversación. En la escritura de Cristino, la memoria política convive con el erotismo, el deseo y una sensibilidad queer. Los retornados no quieren permanecer como representaciones obedientes de los muertos. Buscan una identidad propia y encuentran en el cuerpo una primera posibilidad para reconocerse fuera de las expectativas de quienes los solicitaron.

En uno de los momentos más incómodos de “Oratorio”, el deseo se dirige hacia el abuelo retornado. El cuerpo fabricado para satisfacer una necesidad familiar revela también su disponibilidad sexual. El libro lleva hasta el límite la idea de que “los retornados están para complacer” y muestra la violencia escondida dentro de esa promesa. Si han sido creados para llenar el vacío de otros, ¿tienen derecho a decidir sobre sí mismos?

La obra se pregunta qué sucede cuando esos cuerpos dejan de significar justicia. “Los muertos piden justicia, no piden vudú”, afirma una de las voces. Si el retorno no repara la pérdida, los retornados se convierten en criaturas atrapadas entre el recuerdo de otra persona y una existencia que todavía no saben cómo habitar. Han sido creados para satisfacer una deuda histórica, pero pronto descubren que también pueden desear, dudar, desobedecer y rechazar la función que les fue asignada.

Javiera Irribarren destacó el cruce entre la figura clásica del autómata y la memoria de la dictadura. Aunque reconoció que en algunos momentos se había sentido perdida, la conversación le permitió comprender que esa desorientación también forma parte del dispositivo del libro. La ausencia de mayúsculas, la puntuación irregular, las negritas y las reiteraciones construyen un recorrido que se aproxima al bucle y la confusión.

Los propios retornados tampoco entienden completamente lo que ocurre. No son responsables del programa ni de las consecuencias políticas de su existencia. Permanecen en medio de un conflicto producido por los vivos: familiares que desean recuperar a quienes perdieron, autoridades que necesitan exhibir resultados y sectores que convierten el retorno en una nueva disputa sobre la historia.

La segunda parte, “Los días extraños”, expande el programa más allá de la historia familiar. Allí aparece la balada de un retornado que se transforma en vengador y trabajador sexual. Su cuerpo es utilizado como instrumento de una revancha ajena, hasta que comienza a modificar la misión y a convertirse en autor de sus propias decisiones. Ya no es solamente víctima ni sustituto: es un “cíborg vicario” obligado a cargar con recuerdos que no le pertenecen.

En esta sección, el libro se vuelve más abiertamente político. La demanda inicial de que regresen las víctimas se extiende hasta convertirse en la consigna de que retornen todos. El programa abandona progresivamente su propósito de reparación y se integra a las campañas electorales, las milicias, la vigilancia y la represión. Los retornados terminan participando de las mismas estructuras que produjeron las desapariciones que justificaron su creación.

Javiera relacionó esa deriva con el negacionismo y las posverdades contemporáneas. La restitución de las víctimas no resuelve el conflicto político. Por el contrario, permite que otros sectores utilicen el lenguaje de la reparación para reinstalar discursos autoritarios. La memoria es arrebatada, manipulada y puesta nuevamente en circulación. En una de las imágenes más precisas del libro, se convierte en un celular robado que se aleja en una motocicleta.

“Los días extraños” concluye con el funeral de la abuela. El retornado asiste a la ceremonia y ofrece unas palabras que alivian a la familia. Después pide conducir de regreso a casa y provoca un accidente. La narradora despierta de un coma sin saber si realmente sobrevivió o si también ha sido reconstruida. La frontera entre los vivos, los muertos y los retornados termina por desarmarse.

La tercera parte, “Libera me”, lleva la obra hacia un territorio todavía más fragmentario, operático y espectral. Los espejos, los testimonios y la voz de una retornada ocupan el centro. Ella ha sido programada para encarnar a la compañera muerta de un hombre que también ha envejecido y dejado de ser quien era. Los dos deberían reconocerse, pero ambos han sido transformados por el tiempo, aunque solamente uno conserve una biografía propia.

La retornada se pregunta dónde llevan a quienes se portan mal y qué sucede con quienes desobedecen. Su angustia nace de la obligación de recordar correctamente una vida ajena. Se espera que los retornados memoricen cada detalle inútil de quienes fueron y que, además, se comporten mejor de lo que esas personas se comportaron en vida. No quieren ser buenos ni malos: quieren dejar de sentirse extraños dentro de sí mismos.

La memoria familiar y la memoria documental se encuentran en el apartado dedicado a Mauricio Cristino Fuentes, un joven detenido por militares en 1985 y obligado, junto con otros adolescentes, a apagar fogatas con partes de su cuerpo. El episodio surge desde un recuerdo infantil del autor y se confronta con un fragmento de “Quemados vivos”, de Patricia Verdugo.

Cristino contó durante la sesión que recordaba la desaparición temporal de un tío adolescente, llevado por militares y devuelto horas después con señales de tortura. En el libro, el muchacho que regresa parece haberse convertido en otro. Antes de la tecnología de las reconstituciones, ya existía una forma terrible de retornar: volver después de la violencia sin poder coincidir plenamente con quien se era antes.

La dimensión autobiográfica rompe la distancia de la especulación. La dictadura deja de ser solamente un acontecimiento histórico o una premisa literaria y entra en la memoria familiar del autor. El documento confirma algunos hechos, pero no consigue ordenar por completo el recuerdo del niño. La memoria aparece nuevamente como una mezcla de imágenes, relatos escuchados a medias, errores y experiencias corporales que se niegan a desaparecer.

Los espejos recorren toda esta última parte. Cristian explicó que la imagen surgió a partir del cliché de un personaje que se observa para preguntarse quién es. En lugar de detenerse allí, comenzó a reunir todas las asociaciones posibles: espejos de mano, retrovisores, superficies cubiertas de vapor, dispositivos para llamar a los muertos, cámaras de observación y objetos incapaces de devolver una imagen completa.

El espejo permite reflexionar sobre el vínculo entre una representación y aquello que pretende reflejar. Para cumplir su función, debería ser una superficie limpia y perfectamente pulida. Los retornados, sin embargo, son espejos dañados. Han sido construidos con fragmentos contradictorios y devuelven una imagen borrosa de los muertos. Cuando intentan observarse, solo encuentran los recuerdos que otras personas instalaron dentro de ellos.

La obra pregunta entonces quién mira y quién es mirado. Los retornados funcionan como reflejos de las víctimas, pero también obligan a los vivos a contemplar su relación con la memoria. En lugar de devolver una identidad estable, multiplican la tragedia y revelan las deformaciones producidas por el deseo de reconstruir el pasado.

“Libera me” se transforma finalmente en una ópera para una autómata. La retornada canta ante una audiencia que espera presenciar su fracaso. Su cuerpo es una máquina teatral, una artista obligada a convertir el testimonio en espectáculo. Las listas de nombres, las referencias a los cuerpos ocultados y la evocación del Patio 29 forman un coro de voces que no consigue reducirse a una sola identidad.

Priscila señaló que esa materialidad vuelve al libro especialmente performático. Las voces parecen registros reproducidos desde una cinta. Las preguntas interrumpen el relato y obligan al lector a responder, aunque no exista una solución definitiva. La lectura se convierte en escucha y el libro, por momentos, parece exigir su traslado a la voz, la escena o la instalación.

Cristian Cristino se incorporó durante la segunda parte de la sesión. Su llegada permitió conocer el origen de una obra que describió como anómala dentro de su propio proceso creativo. A diferencia de otros proyectos que había desarrollado durante años, Los retornados comenzó como un texto escrito con rapidez para cumplir con la entrega de un taller.

En ese momento, Cristino estaba revisando el universo de Blade Runner. Le interesaba imaginar la vida de los replicantes antes de su llegada a la Tierra: su existencia en colonias, prisiones y campos de trabajo. Con la música de Vangelis de fondo, escribió un cuento de cuatro páginas. La recepción del taller fue positiva y dos participantes encontraron en esas páginas una posibilidad poética que todavía no había sido explorada.

Cristino decidió seguir esa sugerencia. Comenzó a leer poesía, asistió a talleres y buscó obras que trabajaran la ciencia ficción, la memoria histórica y la dictadura chilena. El proyecto obtuvo una beca de creación y, durante aproximadamente dos años, el cuento inicial se expandió hasta convertirse en el libro publicado por Editorial Imaginistas en 2024.

Dana Lima asumió la edición del manuscrito. La primera versión era mucho más extensa y mantenía una densidad cercana al monólogo. El trabajo editorial consistió en cortar, fragmentar y producir silencios. Esos espacios permitieron que las voces respiraran y que el proyecto encontrara su estructura coral.

Para Cristino, el procedimiento consistió en no desarrollar el cuento original de una forma narrativa tradicional, sino en explotar cada frase de aquellas cuatro páginas. Cada imagen se abrió hacia nuevas asociaciones, referencias históricas, autómatas, documentos y recuerdos personales. El resultado conserva el germen narrativo, pero lo distribuye en un artefacto poético que se resiste a convertirse en una historia lineal.

Más que un personaje específico, Cristino señaló que aquello que más le interesa del libro es su voz poética: barroca, mecánica, interrogativa y capaz de desplazarse entre distintas identidades. Esa voz puede ser un asistente virtual, una narradora familiar, un retornado, una autómata o una máquina desgastada que intenta seguir relatando cuando sus piezas comienzan a desprenderse.

Hacia el final, Claire felicitó al autor por haberse arriesgado con la forma y afirmó que la obra tendría una vida larga. Horacio coincidió en que se trataba de uno de esos libros que exigen regresar tres o cuatro veces. Desde su experiencia argentina, encontró en sus páginas una forma de pensar las dictaduras del continente y la imposibilidad de que los sujetos del pasado vuelvan sin haber sido transformados por el presente.

La sesión terminó con una sensación compartida: Los retornados necesita más de una lectura. No porque su complejidad sea gratuita, sino porque su forma reproduce el problema que intenta pensar. La memoria tampoco se entrega ordenada. Vuelve en fragmentos, testimonios contradictorios, imágenes, documentos, silencios y cuerpos que no consiguen coincidir completamente con aquello que representan.

El libro no responde si es posible reparar una desaparición. En cambio, expone las consecuencias de intentarlo mediante una tecnología que confunde restitución con reproducción. Los muertos no regresan porque alguien consiga imitar su cuerpo. Lo que vuelve son los recuerdos, las preguntas y las disputas que los vivos todavía no han resuelto.

Al final, una retornada se pregunta si algún día podrá liberarse de la angustia provocada por los recuerdos ajenos. Ningún formateo parece suficiente. Quizás, propone, es la memoria la que de verdad retorna.

La pregunta se repite, cada vez con una intensidad distinta: “¿Me entiendes?”. Después, el sistema solicita evaluar la información recibida. La consulta termina, pero la memoria continúa abierta.

Club de lectura ASTRA 2026

Este club de lectura se enfoca en la promoción de publicaciones recientes de ciencia ficción y literatura fantástica latinoamericana, con el propósito de potenciar su análisis y circulación. La selección del corpus busca representar la diversidad de autores de Latinoamérica y su relevancia dentro del contexto literario actual.

Sobre el club

  • Formato: Online, vía Meet
  • Horario: Un jueves al mes, de 20:00 a 22:00 horas
  • Mediador: Donald McLeod
  • Valor: Gratuito
  • Detalles: https://imaginistas.cl

Estructura

La reunión comienza con la presentación del autor y de la obra por parte del mediador. Luego, cada participante dispone de un tiempo para compartir su impresión y análisis de la lectura seleccionada. Después se abre un espacio para nuevas observaciones y debates. Para finalizar, se anuncia el siguiente libro y se da por terminada la reunión.

Selección de libros 2026

N.ºTítuloAutor/aMes
1Tejer la oscuridadEmiliano MongeMarzo
2TeratofiliaSoledad VélizAbril
3NefandoMónica OjedaMayo
4Sacrificios humanosMaría Fernanda AmpueroJunio
5El buen malSamanta SchweblinJulio
6Los retornadosCristian CristinoAgosto
7Los acontecimientosRamiro SanchizSeptiembre
8RenovalJosé Joaquín Saavedra GómezOctubre
9AltasangreClaudia AmadorNoviembre
10Materiales para una pesadillaJuan MattioDiciembre

A considerar

  • Leer el libro y asistir a las reuniones: Sabemos que habrá ocasiones en que no podrás terminarlo por completo, pero creemos que, de todos modos, será valioso escuchar y compartir tus impresiones.
  • Preparar la reunión: Para facilitar la conversación, es importante llegar con claridad sobre los aspectos del libro que deseas comentar.
  • Mantenerse dentro del tema: La conversación puede abrir caminos inesperados, pero debemos recordar que nos reunimos para dialogar sobre una obra específica.
  • Escuchar: Es fundamental respetar los turnos y prestar atención a las ideas de las demás personas.
  • Respetar: El respeto permite construir un ambiente seguro y acogedor donde todas las personas puedan compartir sus opiniones. Esto es esencial para que la discusión sea enriquecedora y productiva.