Lectura #5 – Club de lectura Astra 2026

El buen mal

Samanta Schweblin

Ciclo VI – Sesión del 28 de julio de 2026
Lectura: El buen mal, de Samanta Schweblin (Argentina, 2025)

El sexto ciclo del Club de Lectura ASTRA continuó durante julio con El buen mal, de Samanta Schweblin. La sesión reunió a participantes habituales y a personas que se incorporaban por primera vez, algunas con el libro recién terminado, otras todavía tratando de decidir si lo habían disfrutado. La duda permaneció durante casi toda la conversación. Había acuerdo en la precisión de la escritura, pero no en la experiencia de leerla.

Antes de entrar al libro hablamos de mascotas, problemas de conexión, viajes y reuniones futuras. Un perro había cazado un conejo. Varios gatos cruzaban las pantallas o aparecían mencionados por sus dueños. Después, cuando comenzamos a hablar del cuento ambientado en China, el gato volvió, esta vez convertido en uno de los problemas del libro. Su presencia dividió al grupo, para algunas personas sostenía el relato, pero para otras, sobraba y terminaba desviando una historia que ya cargaba demasiadas cosas.

Samanta Schweblin tiene una trayectoria difícil de separar del prestigio que la rodea. Durante la presentación se recordaron libros como Pájaros en la boca, Siete casas vacías, Kentukis y Distancia de rescate. También se mencionó el premio de un millón de euros recibido por El buen mal. Esa información abrió una pregunta incómoda que atravesó la sesión, ¿qué ocurre cuando una autora domina de tal manera la técnica que el mecanismo empieza a quedar a la vista?

Las primeras impresiones fueron distintas. Macarena Villarroel destacó la forma en que los cuentos comienzan sin preparar al lector, obligándolo a entrar en situaciones que ya están ocurriendo. Le interesó especialmente “La mujer de Atlántida” y recordó la incomodidad que le produjo la historia del gato en la ventana. Lucas Vogel contó que al principio le había costado entrar en el libro, pero que escuchar las lecturas de los demás le permitió encontrar otras entradas. El cuento del gato, pese a las críticas posteriores, fue uno de los que más conversación generó.

Claire Mercier describió a Schweblin como una “relojera de la palabra”. La imagen apareció al hablar de su capacidad para controlar la información, esconder una pieza, retrasar una explicación y conducir al lector hacia el lugar exacto donde el relato quiere dejarlo. También se discutió la evolución de su trabajo con lo fantástico y se la comparó con Mariana Enríquez, aunque sus formas de producir inquietud son distintas. En Schweblin, la amenaza suele entrar sin levantar la voz. Una conducta se repite, un niño responde algo extraño, una pila desaparece, un animal mira desde una ventana.

Javiera Irribarren observó que cada cuento funciona como un mundo cerrado, con reglas que se comprenden mientras se avanza. Algunas veces volvió atrás para revisar si el final estaba realmente escrito o si ella había completado una parte. Esa participación del lector fue valorada, sobre todo en relatos donde Schweblin evita explicar el acontecimiento central y deja que una frase anterior cambie de sentido varias páginas después.

Fernanda Barceló habló de una escritura elegante y quirúrgica. No porque sea fría, sino porque casi nada parece quedar por accidente. Comparó esa madurez con la prosa de Nona Fernández y destacó la seguridad con que Schweblin administra el ritmo. Maryoreth Monsalve, que participaba por primera vez en el club, encontró los cuentos breves y útiles para observar decisiones narrativas concretas: dónde comienza una historia, qué se omite y cuánto puede sostener una escena antes de revelar aquello que la estaba deformando.

“La mujer de Atlántida” fue uno de los cuentos más apreciados. Cristian Cristino lo eligió como su favorito por la fluidez del relato y por la cercanía que consiguió sentir con sus personajes. Frente a otros textos del volumen, que le produjeron angustia o rechazo, este le permitió permanecer dentro de la historia sin estar esperando solamente el siguiente golpe.

Cristian propuso leer El buen mal como un manual de técnica narrativa. Habló de la arquitectura de los cuentos, del uso de estructuras clásicas y de la capacidad de Schweblin para conducir la lectura sin apoyarse en giros arbitrarios. La idea del manual resultó productiva porque permitía separar dos experiencias: admirar la construcción de un cuento y, al mismo tiempo, no quedar afectado por él.

Esa separación apareció varias veces. Para algunos participantes, la escritura estaba tan afinada que comenzaba a sentirse cerrada, sin zonas porosas. Todo ocupaba su lugar. Cada detalle parecía instalado para trabajar después. La precisión podía admirarse, aunque también producía una distancia difícil de romper. Había cuentos que se leían reconociendo el mecanismo, esperando el momento en que la pieza escondida terminaría encajando.

Dentro del conjunto, “Un animal fabuloso” fue señalado como uno de los relatos más logrados. La conversación se detuvo en su trabajo con el duelo y en la manera en que una situación extraña permite acercarse a una pérdida que los personajes no consiguen ordenar. El cuento no depende únicamente de la revelación final. Hay algo anterior, una incomodidad doméstica que se acumula en las conversaciones, en las decisiones torpes y en la manera en que las personas intentan seguir con sus tareas cuando la vida ya cambió.

Otros relatos fueron percibidos como demasiado cinematográficos, construidos con escenas y giros que parecían listos para una adaptación. La observación no apareció como un elogio. Parte del grupo sintió que ciertos cuentos podían anticiparse como episodios de una serie, una premisa llamativa, personajes rápidamente delineados, una tensión sostenida y una imagen final pensada para permanecer después del corte.

El relato ambientado en China produjo uno de los desacuerdos más claros. Su relación con el resto del libro parecía débil y la presencia del gato generó cansancio en parte de los lectores. Se discutió si el animal cumplía una función necesaria o si agregaba una segunda línea de tensión que no terminaba de integrarse. Para algunos, el cuento parecía todavía en proceso, con escenas precisas, pero sin la misma concentración que los relatos mejor resueltos del volumen.

También se habló extensamente de “El ojo en la garganta”. Lucas defendió el cuento por la tensión que construye alrededor de una relación entre padre e hijo que se va quebrando. Otros participantes lo encontraron morboso o difícil de digerir. La escena de la pila ingerida por el niño provocó frustración, en especial por su negativa constante y por la imposibilidad de los adultos para establecer una comunicación mínima con él.

En ese relato, el cuidado se vuelve una sucesión de decisiones incompletas. Los adultos observan, preguntan, dudan, se culpan. Nadie consigue actuar a tiempo ni entender del todo lo que está pasando. La enfermedad del marido y la ausencia de la protagonista, que participa en una residencia de escritura, cargan todavía más una casa donde cada integrante parece ocupado en una emergencia distinta.

Durante la conversación apareció además un patrón: los maridos que no saben cuidar, que llegan tarde, que se equivocan o que quedan desbordados por las tareas domésticas. El grupo encontró variaciones de esta figura en varios cuentos, aunque no siempre coincidió en cómo leerla. Algunos vieron una crítica a la distribución desigual del cuidado. Otros sintieron compasión por personajes que intentan hacerse cargo de situaciones para las que tampoco cuentan con herramientas.

La infancia, la enfermedad y los vínculos familiares recorren buena parte del volumen. Hay niños cuya conducta los adultos no comprenden, cuerpos que fallan, personas encargadas de cuidar que están cansadas o distraídas. La amenaza no siempre viene de una presencia exterior. Muchas veces comienza en una rutina conocida: preparar comida, mirar por una ventana, acompañar a alguien al médico, dejar a un hijo bajo la responsabilidad de otra persona.

El absurdo también fue parte de la conversación. Algunos niños de los cuentos parecen vivir bajo reglas que los adultos no consiguen descifrar. Se discutió si ciertas conductas podían leerse desde la neurodivergencia o si esa interpretación era una forma de ordenar rápidamente aquello que el texto deja abierto. La comparación con Distancia de rescate permitió observar la insistencia de Schweblin en las maternidades tensas, la amenaza sobre la infancia y la sensación de que el daño puede haber comenzado antes de que alguien lo note.

Cristian explicó la relación de estos cuentos con algunas formas clásicas del género breve. Habló del final de “knockout”, de la concentración y de la necesidad de que cada elemento empuje en una misma dirección. La conversación derivó hacia las diferencias entre cuento y novela. El cuento fue descrito como una flecha: concentra su energía y avanza hacia un punto. La novela, en cambio, puede perderse, abrir caminos laterales, demorarse en zonas que todavía no sabe si serán necesarias.

Esa definición permitió entender parte del placer y también parte del rechazo que produjo El buen mal. Los cuentos saben hacia dónde van. Incluso cuando el lector desconoce el destino, percibe que alguien ya trazó el recorrido y retiró casi todas las distracciones. La pregunta es qué ocurre cuando esa dirección se vuelve demasiado evidente y comenzamos a leer pendientes de la puntería.

El título también quedó rondando la conversación. El buen mal reúne situaciones donde el daño aparece mezclado con acciones que alguna vez intentaron proteger, acompañar o resolver algo. Los personajes se ocupan de otros y fracasan. Quieren ayudar, aunque su ayuda llegue torcida. Permanecen juntos cuando quizás deberían alejarse. Se van cuando alguien necesitaba que se quedaran.

La sesión terminó sin un acuerdo definitivo. Para algunas personas, el libro confirmó la maestría de Schweblin y su capacidad para construir cuentos compactos, inquietantes y técnicamente impecables. Para otras, esa misma perfección dejó poco espacio para el desorden, la sorpresa o una emoción menos controlada. Hubo relatos que se defendieron con entusiasmo y otros que el grupo habría querido desmontar, acortar o volver a escribir sin gato.

Quizás por eso la conversación resultó tan activa. El buen mal permitió discutir algo que no siempre se pregunta en un club de lectura: si un cuento bien construido tiene que gustarnos, cuánto pesa la técnica cuando la experiencia emocional no llega y en qué momento la precisión comienza a sentirse como una puerta cerrada.


Club de lectura ASTRA 2026

Este club de lectura se enfoca en la promoción de las publicaciones de la ciencia ficción y fantástica latinoamericana recientes, con el afán de potenciar su análisis y su circulación. La selección del corpus está hecha con base a contemplar la diversidad de autores en Latinoamérica y su relevancia en el contexto literario actual. 

Sobre el club:

  • Formato: Online, vía Meet
  • Tiempo: Un jueves al mes de 20:00 a 22:00hrs
  • Mediador: Donald McLeod
  • Valor: Gratuito
  • Detalles: https://imaginistas.cl

Estructura:

La reunión comenzará con la presentación del autor y la obra por parte del mediador escogido para luego dar tiempo a cada uno de los participantes a dar su impresión y análisis de la obra seleccionada (el tiempo será asignado de acuerdo con la cantidad de gente inscrita). Luego, se dará un espacio para impresiones posteriores o debates (también dependiendo de lo que dure la fase anterior). Para finalizar, se anunciará el siguiente libro y se dará por terminada la reunión.

Selección de libros 2026: 

TítuloAutoreMes
1Tejer la oscuridadEmiliano MongeMarzo
2TeratofiliaSoledad Velizabril
3NefandoMónica Ojedamayo
4Sacrificios humanosMaría Fernanda Ampuerojunio
5El buen malSamanta Schweblinjulio
6Los retornadosCristian Cristinoagosto
7Los acontecimientosRamiro Sanchizseptiembre
8RenovalJosé Joaquín Saavedra Gómezoctubre
9AltasangreClaudia Amadornoviembre
10Materiales para una pesadillaJuan Mattiodiciembre

A considerar:

  • Leer el libro y asistir a las reuniones: Es obvio, pero importante. Sabemos que habrá momentos en que no podrás terminar el libro por completo, pero creemos que, de todos modos, será valioso escuchar tus impresiones.
  • Preparar la reunión: Con el fin de facilitar la conversación, es importante llegar preparado; esto quiere decir que tengas claros los puntos del libro a los que te quieras referir durante el tiempo asignado. 
  • Mantenerse dentro del tema: Sabemos que a veces la conversación, sobre todo cuando es divertida, puede irse por las ramas, pero hay que recordar que nos reunimos a hablar de un tema en específico. 
  • Escuchar: Esto es fundamental. Escuchar y dejar al otro hablar y, si deseas agregar algo, puedes hacerlo cuando te toque hablar o pedir la palabra cuando la persona ya haya terminado su idea expuesta.
  • Respetar: El respeto fomenta un ambiente seguro y acogedor donde todos los participantes se sienten cómodos compartiendo sus ideas y opiniones. Esto es esencial para que la discusión sea enriquecedora y productiva. ¡Es la idea!