Nº 82 | Narrativa | Terror | 5350 palabras | Chile

Manual para destruir a un solitario

Claudio Ríos Espinoza

Llevo años haciendo la misma mierda, una y otra vez, y vuelven a caer.

Una y otra vez.

Regresan como moscas a la miel. Es una adicción para ellos, aunque terminen pasándola como el hoyo. Con su familia, en la pega, con sus amistades. Necesitan esa dosis de coqueteo, de amor virtual, esa posibilidad —mínima, ridícula— de ser amados por una mujer hermosa… aunque tenga pene.

O, como mínimo, de terminar bien follados como en su lejana juventud.

Ya no sé si nacieron imbéciles o si en algún momento se pegaron en la cabeza. No lo sé, man. Pero que sigan así, que chorree la plata. De sus bancos a mis bolsillos. De mis bolsillos a mis vendedores y acreedores. Es fácil engañar a un idiota y hacerse rico a costillas de él.

Y el idiota perfecto es el idiota enamorado/caliente. Fin.

…Espera. ¿Es así? ¿No hay nadie más patético que ese grupo?

Sí. Sí lo hay.

Estamos nosotros.

Los que caemos embobados por ellos.

Paso 1: Arma la trampa

Estar en cana es lo de menos. ¿Realmente creen que eso te desconecta del mundo? Una mierda, estás más libre que nunca. Eres un fantasma, alguien invisible y, por último, ¿qué más te puede pasar? Eso te da una confianza de la puta madre. La cana es tu espacio vital donde puedes moverte si es que tienes la visión para hacerlo.

Estas paredes no te encierran. Te protegen. Son la última defensa.

Un buen teléfono, suficiente señal y eres el puto amo. Desde que la gente depende de las redes sociales para conocerse, se volvió la meca para las estafas, extorsiones, trampas y más. ¿Quién puede asegurar que la chica guapa y cachonda que te habla por las noches no es un tipo calvo y sudoroso hablándote desde el wáter? Sea por placer, sea por juego, da igual. Esa pequeña revelación abrió una ventana de negocios. Una pega fácil, irrastreable.

Donde haya un árbol que plantar, plántalo tú.

(¿Qué tal? ¿Pensaron que soy un mierda ignorante? Eso es de la Mistral. Pero qué saben ustedes de la Mistral).

Primero arma un perfil lo suficientemente creíble, con cumpleaños y signo zodiacal (que coincida, no seas idiota), cierta antigüedad, un par de fotos con familia, en vacaciones, qué sé yo. Solo hazlo creíble. Ni el más tarado caerá si todas las fotos son selfies de una rubia con tetas de diosa y cintura de avispa en un fondo nevado. Lo primero que dirán es: dale, obvio que son fotos robadas de alguna ucraniana que jamás sabrá que en Chile la están plagiando. El flojo, el pajero, no sirve para este trabajo. Dale color, busca una chilena con buen cuero y que sea medio morena, un look de barrio, real. Como esa vecina rica que perfectamente puedes encontrarte en pantuflas comprando pan en un negocio. Guapa, pero alcanzable. Que no quede duda de que también caga hediondo. Esa que de noche es recogida en un Jeep Wrangler, usando una mini apretada que muestra sus muslos largos y contorneados.

Sube historias diariamente, responde comentarios, sé amable, discretamente coquet@, pero no fácil. Al menos, no desde un comienzo. Eso viene más adelante.

Empieza a agregar gente, los precisos, los candidatos que más fácil puedan caer. Viejos con pinta de califas, gordos solitarios y barbudos, esposos reprimidos, mineros con el camión tolva a sus espaldas, cuarentones recién separados, con pelo injertado, bronceados a lo Solabarrieta, músculos recién marcados, con un exagerado blanqueamiento dental y alineadores invisibles. ¿Ya me siguen?

Tampoco es que sea difícil identificarlos, un par de vueltas en su perfil y listo. Para todo eso, Facebook es la mejor alternativa, porque quienes usan esa mierda no tienen puta idea de tecnología y de las miles de formas en que se les puede hacer huevón.

Sigamos. Esto es vital:

Una amiga-cómplice, eso es lo que necesitas. Mujer o travesaño, da igual, ambas sirven. Incluso diría que si es una guapa trava habrá más oportunidades. Para qué estamos con mierdas, no existe hombre que no quiera tirarse un mujerón con una verga más grande que la propia. Es raro, lo sé, una complicidad como en la antigüedad, donde los guerreros se follaban entre ellos para demostrar su camaradería. En este caso se justifican diciendo que tiene tetas, cabello largo y las piernas depiladas. Como si eso los hiciera menos maricas.

Le compré buenas fotos a la Nico, una prima trava, justamente. Preciosa la muy perra. Hermosa, sexy y un toque vulgar que encanta. Onda, ha probado la langosta un montón de veces, pero la mastica con la boca abierta. Ya captan de lo que hablo. Comenzó su tratamiento en su adolescencia, así que no alcanzó a desarrollarse como varón del todo. Onda, sus manos no crecieron tanto, no marcó manzana de Adán en la garganta y su voz nunca se engrosó. Una delicia, blanquita, de labios gruesos y pelo oscuro. De verdad es una mina espectacular, muy solicitada por su trabajo. Algunos servicios son piola —una mamada y chao—; otros, más guarros, con orina y escupos incluidos.

Si no fuera por su VIH, sería una puta de lujo. Carísima.

Esa es la cara del nuevo perfil. La imagen lo es todo. Es la telaraña. La planta carnívora. La trampa para osos. La jaula para cangrejos… bueno, se entiende la idea. Es el anzuelo perfecto: lo que atrae, captura y deja al cliente sin darse cuenta de que ya cayó.

Paso 2: Busca tu presa

Necesitas ojo y cerebro para esta parte. ¿Qué? El hecho de que haya pasado gran parte de mi juventud en esta pocilga no significa que sea una lacra. Al menos no del todo. La verdad es que no era una mala semilla, onda pifiado desde nacimiento como la mayoría de los desgraciados con los que comparto. Fui un niño piola, tranquilo, poco dado a pintar el mono, con buenas salidas también. Un graciosillo, eh. «Este cabro va a ser una bala». ¡Ja! Las pelotas, me puse cada vez más raro, no quería salir de la casa y empezaba a idealizar un montón de huevadas. ¿Por qué? No lo supo el psicólogo que me atendió gratis en la escuela, ¿y lo voy a saber yo? Solo había algo en mi «personalidad melancólica» que siempre me anduvo medio cagando la onda.

Una nube negra.

En ese ir y venir emocional, pasó que una noche, tras hacerme la paja antes de dormir, me quedé escuchando la radio. Un microcomponente Sony negro con doble casetera. ¿Recuerdan esas mierdas? Llamó una tipa poco mayor que yo, unos diecisiete años. Pidió un tema para su pololo que estudiaba en un liceo de hombres, creo que en el Gregoriano. «Quiero Close to Me de The Cure para mi pololo, y decirle que lo amo mucho». Ese momento, ese puto momento, cambió algo. La sensación de amor entre esos dos desconocidos, inocente, bello, romántico, me hizo sentir una especie de nostalgia interna.

Cada vez que sonaba Close to Me, con esa intro de bajo, batería y palmas electrónicas, sentía cómo algo en mi pecho cedía, se abría, y revivía ese instante una y otra vez. Puede que en realidad fuera una pareja de mierda, que hayan terminado a los dos meses, que el tipo solo la haya usado para perder la virginidad, qué sé yo. Pero escuché esa puta canción cada día, en versión original, remix, con vientos.

Siempre me invadía esa sensación de que algo bello se gestaba durante la noche en algún rincón de la ciudad.

Ese anhelo se convirtió en desesperación. Quería eso, lo necesitaba. Una polola que me dedicara una canción especial, que llamara a la radio para decir públicamente que me amaba, que tuviera su primera vez conmigo, en casa de sus padres, apurados, sin condón, irme a chorros adentro de ella en vez de cuidarnos, urgirnos por un posible embarazo, celebrar que no fuera así, lamentarlo al mismo tiempo. Nada, nada de eso ocurrió jamás. Demasiado tímido. Un idiota. Necesitaba demostrar que podía ser especial para alguien.

Lo necesitaba tanto, por la mierda.

Mandé todo a la verga tras un carrete. Estaba ebrio de cerveza y ron. Solo tenía dieciocho años y ya estaba harto de pasar sin ser visto. Ese tipo trató de hacerse el listo conmigo, hacer un chiste sobre algo que ni siquiera recuerdo. Una mala talla. Usé una botella de cerveza. ¿Sabes lo que es eso? Un error. Un gran error que me costaría cinco años de prisión. El poto de esa botella es demasiado duro. Era tan pendejo, un inexperto, ¿cómo iba a pensar en eso? Le reventé la cabeza a ese naco por querer pasarme por encima. En serio, no recuerdo qué mierda me dijo. Pero ese pequeño momento en que mi transformación fue final.

Irreversible.

Dale, busca a tu presa.

Como decía, está lleno de fracasados y anhelantes, como lo era yo mismo. Por eso los identifico tan rápido. Me basta una mirada a su foto y puedo ver la pena y el deseo. Nadie quiere morir solo, ni el más bastardo de los alcohólicos lo desea de verdad. Solo que el placer de evadir y mentir es más grande. Eso de que «me iría a vivir a una isla» es pura mierda. Al mes estarías deseando el contacto humano. Extrañarías la piel, el tacto, el sudor. Amamos el cuerpo, poder decir «¡Hmmm! Este es el aroma de una hembra purasangre».

Bueno, acá en la cana eso no pasa, aunque existen ciertos reemplazos. Más parecido a hacer un asado con bistec vegetal. Es el caso del tipo que duerme en la litera de enfrente. Un pobre huevón que cayó por robar ocho veces el mismo negocio. Qué gracioso.

A ver, un poco para atrás. Luego de llevar un tiempo acá, comenzaron a llamarme Garrote. Nunca entendí el mote, pero según algunos, era porque solía darle la bienvenida a los nuevos a punta de cachas. Era como recibirlos a garrotazos, solo que el mío era de carne. ¿Se entiende? En fin, este infeliz no lo sabía. Trató de acercarse a algunos nacos para refugiarse y que ojalá no lo violaran la primera noche. Un grupito de cuatro le ofreció dormir en su sitio. No se le llama celda a esas mierdas, realmente. Es más parecido a una toma, con ropa colgando, cocinillas a gas y baños más insalubres que en el terminal de buses. Le dije: «Amigo, ¿acaso está loco? Lo van a partir entre los cuatro. Venga conmigo, yo tengo un espacio para mí solo que puedo compartir».

¿Ven? Con la trampa preparada, se puede buscar la presa apropiada. La sangre, la mierda y el semen corrieron por sus muslos un rato después, formando un líquido espeso y rosado similar al de un himen roto. Esa fue su primera vez, como había anhelado tener con la chica de la radio. Perdí la cuenta de cuántos presos novatos he descartuchado.

Sí, es una sensación cercana, pero no es lo mismo.

Mientras mi nuevo perkin —así le dicen a los esclavos en la cana— cocinaba un guiso que seguramente sabría a cartón, me dedicaba a responder mensajes. Siempre era lo mismo. Que estaba bonita, que lindos ojos, que mi sonrisa era única, que felicidades por cualquier huevada. La verdad es que quieren penetrar urgentemente a la chica de la foto. Imaginarlo es mucho más delicioso que concretarlo, claro está. Un polvo puede durar unos segundos y ser desastroso: ¿una erección fallida? ¿Mal aliento? ¿Culpas de último minuto?

En cambio, la fantasía y el deseo son ilimitados. Esa es la mierda que te hace sentir vivo.

Por eso es importante saber elegir y esperar. Tu presa debe ser capaz de sentir lo mismo. Esa emoción perdida, ajena a su vida gris. No es algo fácil. No puede ser cualquiera. Hay viejos a los que les importa un carajo una extorsión. Les viene igual si se les amenaza con mostrar a sus contactos una foto suya masturbándose. Puede que ni siquiera vean el puto mensaje de amenaza.

Debe tener algo que perder, mientras se va sintiendo vivo otra vez. Calentarse por ese juego al límite. Tener fotos con familia. Ser un trabajador funcional, normal, asalariado o jubilado.

Encontré a muchos, todos pagaron. A la mayoría los expuse igual.

Paso 3: Lanza el anzuelo

Nunca de inmediato. NUNCA. Debe parecer algo natural, un enamoramiento paulatino, adolescente. Que el tipo al otro lado comience a extrañar hablar contigo antes de dormir.

Arma un horario, el único que puedas usar tranquilamente desde adentro, y busca una excusa. «Es que en el día estudio, solo puedo hablar de noche». La van a creer. ¿Por qué no? Les excita la idea: que una universitaria se esfuerce todo el día para salir adelante y que en las noches se dedique a hablar con ellos. Con ternura, con algo de timidez y de inocencia. No, no se envían fotos en pelotas a la primera. Tampoco se piden, sería muy obvio. Esas se guardan como plato principal, cuando están a punto de pisar el palito. La sopa debe estar a punto de hervir para eso.

Los cigarros baratos me dejan la boca amarga. Conversar un rato con los principales candidatos y a follarse al esclavo. Rutina dentro de una horrible rutina. Fui cachando que a este loco ya no le incomodaba tanto y que incluso tendía a abrazarme al terminar. Eso me daba cierto asco, no por él, por la posibilidad de dejarme arrastrar una vez más a esa idea del amor real. ¿Cómo se llamaba, el infeliz? No lo recuerdo. Al tiempo ya no sangraba. Gemía contra la almohada y se sentía mío.

Ni mierda le salía. Una verdadera decepción.

Buscando y buscando, un viejo me pareció lo suficientemente atractivo. Tenía una pinta grosera de viudo, una foto de perfil pésima, tomada por él mismo en el espejo de un baño. Se alcanzaba a ver una toalla verde con hoyos, delgada como papel. Unas paredes descascaradas y una cortina de baño plagada de puntitos negros en las esquinas. Su mirada me fascinó: triste e intensa al mismo tiempo. Pensé en esa melancolía que me dijeron alguna vez y pensé que podríamos tener algo en común. Quizás podría entrar mejor antes de pasarle fotos de la Nico posando en cuatro patas. Cinco, en realidad. ¿Se entiende?

Su nombre: Manuel. Gracioso, pensé. Este país es un puto chiste, siempre tiene algo para hacerte reír. Imaginé las manuelas que se pegaría con la imagen de mi prima tras las insinuaciones lanzadas desde mi encierro. Acá es cuando debes esperar a que te hable, nunca hacerlo tú. Piénsalo: ¿por qué alguien como la Nico le hablaría a un vejete que mea en un baño horrendo? Atráelo sutilmente. Debes darle material todas las noches para que, en un momento, ¡zas!, te responda con un tímido «Hola». Esa única y gentil palabra que iniciará la destrucción de su vida. Ese saludo que pensó y pensó, que escribió y borró mil veces antes de enviar.

Listo, el pez había picado. Continuaba la parte más fina.

Paso 4: Seduce

Manuel llevaba años solo. Onda, nada de nada. Ni una pajita en la ducha. Su esposa había muerto de un ataque cardiaco a pesar de haberse cuidado toda la vida. Ambos lo habían hecho. Poco alcohol, nada de cigarros, escasos viajes y, por lo que entendí, sexo ocasional. Una vida insípida, sin riesgos. Fue fácil darme cuenta de que ocupaba el computador para escribir. Sus frases eran largas y bien redactadas. Al comienzo era un poco exasperante cómo el chat decía typing por largos minutos sin que enviara nada. Luego comenzó a caerme medio simpático y contaba los segundos que tardaba en enviar textos telegráficos.

Fui profesor. Ahora soy jubilado. No soy muy amigo de las redes sociales. Mis nietos me hicieron la cuenta. Me gustan las películas viejas. ¿Conoces a Akira Kurosawa? Deberías ver alguna suya. Fellini también. Bergman no tanto. Aunque El séptimo sello es bellísima. Muy simbólica. Me gusta la poesía. ¿Te gusta a ti? Casi no leo narrativa. Es como comparar jazz con rock. Prefiero el jazz. Vivo solo. Sí, es mi casa, está pagada hace años. Antes de hablar me pongo a regar las flores y el pasto. Luego te espero. Sí, cada noche te espero.

Y cada noche hablamos.

Por días, semanas, meses. Sin apuro, sin presiones. Es lo que hay que hacer para mantener viva la chispa. Recuerden, esto es todo lo contrario a la vida real. Acá no se desprecia, no se ignora, no hay dolores de cabeza para no follar, no hay peleas estúpidas. Todo debe ser emoción, intensidad.

«Sí, cada noche te espero». Por supuesto que lo hacía. Era la manera de darle sentido a su día a día. No me sorprendería que hasta se bañara para ese momento, para hablar conmigo.

Solo para hablar conmigo…

Háblame más. ¿Qué película de Kurosawa me recomiendas? Es muy interesante eso que dices. Eres una persona muy sensible. ¿Te lo habían dicho? Es difícil ser alguien sensible en un mundo tan duro. He tenido algunos problemas en la vida. No fui muy querida en casa. Jajaja tonto, no soy tan bonita. Pero gracias. Gracias por ver más allá. Por acompañarme. También me siento sola. He cometido errores y todavía los estoy pagando. Mejor no hablemos de eso. ¿Puedes enviarme uno de tus poemas? Solo si se puede.

Al final, la seducción fue mutua.

Mi esclavo cocinaba y mantenía el aseo impecable. Nunca se rebeló, como lo hacían otros, como lo hice yo en mi momento. Porque sí, también pasé por todo eso. Tuvieron que ponerme cuatro puntos después de la primera noche, no pude sentarme en varios días. Solo tenía dieciocho años. ¿Creen que eso les importó? Siguieron usándome como su perra día y noche, sin control de gendarmes ni nada. Sangre y semen. Mi sangre, su semen. Golpes, amenazas, sífilis y más puntos. Hasta que uno me obligó a chupársela. Ese aroma a meados, sudor y leche agria. Quería vomitar. El desgraciado lo hundió hasta mis amígdalas para que los otros rieran, para demostrar más poder. Gritó y me golpeó en la cabeza cuando lo mordí. No fue un trozo lo que corté, fue casi toda su verga. Mis dientes, en ese tiempo impecables, rompieron la carne como una salchicha bien cocida.

Más sangre. Su sangre.

Un asesinato en defensa propia es asesinato al fin y al cabo. País de mierda. Agregaron tres años más a mi condena. Pero me había echado a un capo, lo hice morir desangrado y rogando. Nadie más se volvió a meter conmigo. Valió la pena.

Mi esclavo también quería chupármela y nunca lo dejé. «Quiero darte placer». ¿Qué? ¿Acaso me veo tan idiota? Todos sabían esa historia. Caer en mi propia trampa, jamás.

Excepto que con Manuel… lo estaba haciendo.

Porque de pronto dejó de hablarme y no me explicó por qué. Revisé su perfil un montón de veces y no había actividad. Me cuestioné muchas noches si le había pasado algo, tal vez un infarto como su esposa, o desnucarse en la ducha tras resbalar, un atropello, un asalto en la calle. ¡De ser así, encontraría al hijo de puta que le había hecho daño! Tenía contactos afuera, un montón de contactos, los más peligrosos contactos, con quienes había trabajado después de mi segunda condena. Antes de una tercera por venta y posesión de drogas.

Ese fue el tiempo en que trabajé con Baltazar. El único que me dio una mano allá afuera.

¿Por qué tenía tanto miedo? Era difícil de explicar. Me hablé con otros tipos durante ese tiempo, cada uno más vacío que el otro. Rápidamente me pedían fotos en pelotas y se generaron muchas oportunidades para pedirles un video. «Grábate un video viniéndote, quiero verte». Era la clásica. Luego de eso, con el material descargado y los pantallazos a las conversaciones, venía el paso final.

Paso 5: Extorsión sin asco

Mi amor, perdón por molestarte. ¿Será posible que me prestes algo de plata? Recién me pagan mañana y tengo un lío urgente. No tanto, unos diez mil pesos nada más. Te juro que te los devuelvo el viernes. Si quieres te puedo enviar algo a cambio, jajaj. ¿Sí? Qué coqueto. ¿Qué te gustaría? Ya, pero me prometes que la borras. Son fotos muy íntimas, ¿ya?

Con eso ya tanteaste. Si deposita no es por humanidad, es porque quiere esa foto prometida. A nadie le importa un carajo si esa linda chica está pasando por un apuro realmente. Quieren la puta foto. ¿De qué les sirve? De nada, es un cuerpo más. Pero de alguna manera, sienten que les pertenece. Y por diez mil pesos. Una ganga.

Si deposita… es todo tuyo. Alarga las solicitudes de préstamos todo lo que se pueda. De todas maneras, ya intuye que cayó en una trampa, aunque jamás lo admitirá. Va a preferir llevar la fiesta en paz y pagar y pagar, cada vez más. Pronto los diez mil pasarán a ser cincuenta mil y de ahí a cien mil. Eso es seguro, tanto como que en algún momento te va a llorar e inventar que no tiene más plata.

Ahí viene el golpe final.

Envíame quinientos mil o le envío las conversaciones y videos a todos tus contactos. Todos van a saber que te gustan las transexuales. Que te gusta el pene. Que te gusta que te chupen el hoyo. Que eres un viejo de mierda degenerado. Tus nietos lo sabrán. Tus amigos. Encima eres súper conocido. Sí, prometo borrar todo si me pagas. Sí, sí, no haría esto si no estuviera urgida. Lo siento mucho. Por favor, perdóname. Puedes eliminarme si quieres. No soy una mujer mala. Si quieres bloquéame. Juro que borraré todo cuando me transfieras.

Falso. El material se guarda. El juego continúa hasta que el tipo se cuelgue en el patio, acepte que todo se publique o te denuncie a la PDI. Es bastante improbable que te pille la policía, pero siempre es mejor no arriesgar. En ese caso, la misión es abortada y se pasa al siguiente pajarón de la fila. Fácil y bonito.

La ausencia de Manuel me dio espacio para cerrar varios tratos más. Recibía dinero casi todas las noches, tanto de préstamos dadivosos a la chica de la foto como de pagos nerviosos por mantener la honra intacta. Hace un tiempo disfrutaba de esta parte. ¿Quién no lo haría? La ejecución perfecta de un elaborado plan. La paciencia y la constancia daban sus frutos. Entraba plata que yo invertía acá adentro y en cuentas extraoficiales. Compraba cigarros, alcohol, pasta, marihuana, jale, comida, favores, putos de mejor nivel y condones tan gruesos como una tripa de oveja.

¿Me sentía bien con eso?

Rotundo no.

Sí, en el papel era el amo. Los demás me admiraban y el esclavo se enamoraba cada vez más, el muy maraco. Sus ojos se iluminaban cuando me veía llegar por las noches. Antes de eso, se hacía duchas anales para esperarme, pensando que se lo iba a pasar genial. Ni él sabía lo pasivo que podía llegar a ser. Afuera era un machote, un insensible follador de conchas. Acá era una perra sumisa y enamorada. Yo lo pasaba de largo. Quise echarlo y me rogó que lo dejara estar ahí, que estando solo lo pasaría mal. Dale, le dije, no tengo un corazón tan duro. Solo hazme caso y no te pases del límite. Déjame en paz.

Me acostaba solo, viendo Los siete samuráis. Una y otra vez, hasta aprender los diálogos y algunas palabras en japonés. Gi, domo, sensei. Tanto honor, tanta justicia. No podía ser parte de este mundo decadente. Era poesía, justo como me explicó Manuel. Pensé en el botellazo que le di a ese joven. Qué puta casualidad nos encontró esa noche. Uno a la morgue, el otro a la cana. ¿Quién mierda ganó esa pelea? No hubo honor, no hubo justicia.

Jamás la habrá.

No para él, no para mí.

Pronto dejé de responder los mensajes de mis clientes. Perdí el interés. Durante el día hacía un par de negocios y nada más. Cero pichanga en el patio. Nada de amenazas a los nuevos. Dejé de mover la merca de Baltazar y eso me costó.

¿Qué mierda te pasa?

Era Baltazar, que había caído con parte de su banda. Entró hace cuatro años con la cara partida y una oreja menos. Le sacaron la cresta bien sacada y encima perdió todo su negocio. Todos le temían de todos modos. Baltazar, el real macho alfa.

¿Qué mierda te pasa? Te necesito atento.

Le dije que nada, que estaría bien.

¿Te queda cuánto? ¿Un mes? No te arriesgues ahora, no seas imbécil.

Sí, era cierto, me quedaba nada para salir. Eso me aterraba. Acá estaba acompañado, allá no tenía a nadie. Ni siquiera a Manuel.

Perdóname. Me pasó algo muy ridículo. Me salí de Facebook y no sabía cómo volver a entrar. Mis nietos tenían la contraseña y se les perdió. Luego olvidé la contraseña de mi correo. Un desastre. Tuve que armar una cuenta nueva. Descubrí esa solución varias semanas después. De verdad, lo siento mucho. Te extrañé. Te necesité. Mi hermosa musa. Esto te lo debía. Espero que te agrade. Lo hice pensando en ti.

Manuel.

Una virgen de miel
encandila mis ojos y nubla mis visiones.
La carne erizada, la crudeza de la pasión.

El corazón se atraviesa en mi caída.
Perdido en sus respiraciones
me lanzo al abismo de su amor.

Ella tiene la eternidad en su risa
sus ojos iluminan mis mañanas.
Me vuelvo un suave cordero
un vellón de lana.

Cuando quiero alcanzarla
se desvanece en la bruma
entre la memoria cruel
que me obliga a desearla.

Mis manos entrelazadas a sus alas
vuelan con las mariposas amarillas
y le permito arder para quemarse en mi aliento.

Y no sé… No sé cómo soltarla
cómo dejarla ir sin desgarrar mis manos
que intentan sostener este lazo sobrehumano.

Paso 6: No te enamores

Mi aliento quedó suspendido.

Era un poema que escribió pensando en mí. No en la Nico, ella era una foto. Manuel hablaba conmigo. Estábamos conversando al mismo tiempo desde nuestras pantallas. Ambos iluminados por esa luz cegadora, expectantes por la respuesta del otro. El esclavo me veía sonreír cada vez que respondía y la rabia se apoderaba de él. Perra celosa.

Manuel y yo hablábamos hasta el amanecer. ¿Quién me iba a controlar? En ese caos todo da igual. La batería se me acababa y me volvía a conectar. Escribía con el cargador estirado y el teléfono caliente. Estaba feliz. Me sentía demasiado feliz.

Adoraba leer sus análisis cinematográficos. Con tanta pasión que me provocaba ternura. Yo le pedía más poesía. Me leyó algunos pasajes y los envió como archivo de audio. La primera vez que lo escuché mi corazón se aceleró tanto que mi cuerpo completo se enrojeció. Usé audífonos para que fuera algo único entre él y yo.

Lástima que no pudiera enviar mis propios audios.

Por mucho que intentara, no podría imitar una voz similar a la que tendría la Nico en su cabeza. ¡La Nico! Claro, podía contratar un par de audios para cumplir con su deseo de escucharme. Me cobró cinco lucas por unas frases cursis, bastante bien actuadas, por cierto. Me pidió diez cuando comencé a pedirle que lo llamara «mi Manuel». Subió a veinte y unos gramos de jale al pasar a susurrar «yo también te amo, tanto, tanto».

Pude sentir su dicha. La había probado muchas veces antes. Cuando los clientes estaban en pleno éxtasis de nuestra relación falsa. Pero ahora no había simulación en las palabras, ni un fin perverso maquinándose en su contra. Quería hacerlo feliz. Y quería que él me hiciera feliz.

¿Qué mierda te pasa? La misma pregunta de Baltazar. Una vez, dos veces, tres.

Nada, solo sonrío porque me acordé de algo.

Pareces un idiota enamorado, ¿sabías? No me digas que de ese perkin que estás protegiendo.

Traté de explicarle que nada que ver. Que era un esclavo más.

Pues enfócate. Te tengo una misión para cuando salgas.

Baltazar de mierda. Lo sabía. Tenía claro que algún día me cobraría la mano. Y ya sospechaba por dónde iba la cosa. Quería a ese tipo que le enchufó una paliza y que, según él, había provocado su encarcelamiento. En vez de agradecer por no haber terminado con la cabeza hecha puré como su jefe, quería venganza al modo western. Pelotudo de mierda. Yo no. Yo solo quería estar en paz, salir y ver a Manuel, poder hablar.

Amor. Honor. Justicia.

Baltazar de mierda. Jamás me dejaría hacer una vida normal. Le advertí que una vez más y estaría fuera de todo esto. Lo hice sonar como propuesta. No lo era.

Está bien: ayúdame con ese tipo y estamos a mano. Después no te volveré a buscar, ¿ok?

Ok.

Tuve una sensación de fatalidad con esa conversación. Como si estuviera dando el primer paso hacia un destino oscuro. El trato con Baltazar, la única decisión que había tomado por amor en mi vida, sería el final de mi camino. Eso abrió una grieta de inseguridad frente a todo lo fabricado entre Manuel y yo.

No podía dejar de pensar en él. Las semanas siguientes se me hicieron eternas y tensas. Pensar que faltaba tan poco y tanto tiempo a la vez. La felicidad al alcance de mi mano: bastaba con estirarla un poco, cerrar el puño y encerrar el aire. Sentí miedo. ¿Qué haría cuando le confesara todo? ¿Que la chica trans es otra persona? ¿Lo aceptaría? ¿Se había enamorado de mi interior como yo lo hice? ¿O de la fantasía de estar con la Nico? Puede que la hubiera estado cagando todo este tiempo y no tendría respuesta estando acá.

Necesitaba salir, necesitaba estar con él.

Era lo más pitiado que había hecho desde que inicié mis negocios. Era, también, lo más cerca que estaría de la persona del otro lado de la pantalla. Sobre todo, era la oportunidad de entregar un regalo a mi persona amada. Como aquella canción dedicada a medianoche. Un regalo desinteresado para demostrar cuánto me importaba. Estaba más emocionado que en toda mi vida. Cantaba mientras le escribía a la Nico.

I’ve waited hours for this
I’ve made myself so sick
I wish I’d stayed
Asleep today
I never thought this day would end
I never thought tonight could ever be
This close to me

El esclavo me observaba maquillarme frente al espejo. El labial rojo no hacía un surco limpio, se parecía más a lo que usaba Robert Smith en sus videos. ¿Lo recuerdan? Chueco, recargado, sucio. Tal como lo había sido yo todo ese tiempo. Los ojos estaban negrísimos, más que todas las putas sidosas del bloque del placer.

Just try to see in the dark
Just try to make it work
To feel the fear
Before you’re here

Nico lo tenía claro. Le pagué un buen monto para que hiciera el papel de su vida. Se verían esa noche. Le dije que fuera sutil, que lo escuchara con ternura y paciencia. Demuestra interés genuino y haz preguntas. Le gusta Kurosawa, pregúntale por Los siete samuráis, que te la vuelva a contar. Míralo como lo miraría yo. Atiéndelo, no como a un tata, como a tu hombre. Sedúcelo con cuidado. Quiero pasión entre ambos, que te lo haga como si fuera yo quien le está prestando el culo. Guíalo paso a paso. Dile que lo deseas cuando logre entrar en ti. Y usa condón, puta de mierda.

But if I had your face
Then I could make it safe and clean
Oh if only I was sure
That my head on the door was a dre-ea-eam

En mi dormitorio llamé al esclavo de esa manera por última vez.

Dije que tendrías que hacer lo que te pidiera. ¿Lo harás? Esta noche quiero que me tomes. Esta noche yo seré tu puta. Humíllame, maltrátame. Hazme daño, escúpeme, insúltame. Quiero sentir lo que yo te hice sentir. No como hombre, no como mujer. Como algo sublime, superior, poderoso.

Y mientras estés follándome como un desquiciado, justo antes de acabar en mis tripas, gime: «Te amo, Nico».

  • Claudio Ríos Espinoza

    Claudio Ríos Espinoza

    Claudio Ríos Espinoza (1981) es periodista titulado por la Universidad de La Serena. Nació en Santiago de Chile y vivió allí hasta 1999, año en que se radicó en Coquimbo. En 2023 publicó su primera novela, Elsinore (RIL Editores). Posteriormente, sus cuentos «Interzone», «Los intrusos» y «352» fueron publicados en antologías editadas por Factor Literario,…