Donald McLeod Bravo (Punta Arenas, 1988) es escritor, editor, arquitecto y gestor cultural chileno. Su trabajo se ha desarrollado en el cruce entre literatura, edición independiente, mediación lectora y pensamiento crítico en torno a la ficción especulativa latinoamericana. Es fundador de Imaginistas, proyecto editorial dedicado a la publicación y circulación de ciencia ficción, fantasía y terror escritos desde América Latina, con especial atención a mujeres, disidencias y voces que históricamente han quedado al margen de los catálogos más tradicionales .

Su relación con la literatura no nació desde una formación temprana y clásica, sino desde un acceso lateral: el juego, los videojuegos, los mundos imaginarios y la narración como espacio de libertad. Fue a partir de esa experiencia que comenzó a escribir y a formarse en talleres, proceso que lo llevó a descubrir tanto el oficio de la escritura como la ausencia de espacios donde la ciencia ficción, la fantasía y el terror pudieran ser pensados con seriedad estética, política y afectiva. Esa incomodidad inicial fue uno de los impulsos que más tarde darían forma a Imaginistas, primero como colectivo de lectura y escritura, luego como revista y finalmente como editorial independiente .

Antes de fundar Imaginistas, integró el colectivo Weye, experiencia que fue clave en su comprensión de la escritura como práctica comunitaria, horizontal y colectiva. Más tarde formó parte del directorio de la Asociación de Ciencia Ficción y Fantástica Chilena (ALCIFF) entre 2022 y 2024, y ha colaborado activamente con distintos proyectos culturales vinculados a la circulación de la literatura de género en Chile y Latinoamérica. También ha sostenido una labor constante como tallerista y mediador de lectura desde 2016, impulsando espacios de formación, conversación y comunidad en torno a la escritura especulativa. Entre esos proyectos destaca el Club de Lectura Astra, que continúa activo hasta hoy, además de talleres en Balmaceda Arte Joven y en el Centro Cultural La Especulativa .

Como editor, ha desarrollado una mirada curatorial atenta a las relaciones entre literatura y presente. Su trabajo en Imaginistas se ha caracterizado por defender una ficción especulativa situada, latinoamericana, crítica de sus propias tradiciones y abierta a otras sensibilidades, especialmente aquellas atravesadas por la experiencia queer, la violencia histórica, el territorio, el cuerpo, el deseo y lo monstruoso. En distintas entrevistas ha insistido en que la fantasía, la ciencia ficción y el terror permiten hablar del presente desde otros ángulos, revisar traumas sociales, interrogar los lenguajes heredados y abrir espacios para imaginar vidas, vínculos y futuros distintos. También ha planteado que una editorial independiente no solo publica libros: construye comunidad, discusión y una forma de leer el mundo .

Bajo su dirección, Imaginistas pasó de ser una plataforma de formación y lectura a consolidarse como una editorial con catálogo propio, colecciones y una identidad reconocible dentro del campo de la ficción especulativa chilena. Allí dirige la revista IMAGI, nacida como proyecto editorial durante un diplomado en edición y publicaciones, y convertida después en una plataforma para reunir autorías emergentes y consolidadas, explorar nuevas líneas de trabajo y tensionar las fronteras entre géneros, registros y tradiciones literarias . A esa labor se suma su participación en Pudú Marciano y la coorganización del Festival Ficticia, con lo que ha contribuido activamente a fortalecer el ecosistema de la ciencia ficción, la fantasía y el terror en Chile.

En paralelo a su trabajo como editor y gestor, Donald McLeod Bravo ha desarrollado una obra literaria propia que dialoga de manera directa con sus intereses estéticos y políticos. Su escritura se caracteriza por una imaginación sensorial y afectiva, por la exploración de vínculos entre lo animal y lo humano, por una relación intensa con los paisajes del sur austral y por una sensibilidad que cruza ternura, extrañeza, dolor y desvío. Sus textos suelen moverse entre la fábula especulativa, la fantasía animal, la memoria íntima y una percepción torcida de la realidad, donde la imaginación no funciona como evasión, sino como una forma de acceder a aquello que el realismo no alcanza a nombrar.

Es autor del libro de cuentos Ferales (Desastre Natural, 2025), un volumen que ha sido leído como una exploración ética, sensible y no antropocéntrica de lo animal, capaz de imaginar subjetividades no humanas sin caer ni en la fábula moral ni en el antropomorfismo fácil. En una lectura crítica sobre el libro se ha destacado justamente esa capacidad de construir una interioridad animal propia, de crear culturas, mitologías, deseos y fragilidades que amplían la pregunta por lo viviente y por los vínculos entre especies . En esa misma línea, su obra ha sido leída como una propuesta solidaria con lo animal y como una forma de escritura especulativa que tensiona los límites de lo humano desde una perspectiva ética, sensorial y política .

Antes de Ferales, publicó la plaquette Lo que cuentan las nubes (Trazos de Ave, 2023), y ha participado en diversas antologías, entre ellas 8 voces (2020), Poliedro 7 (2022), Materiales ficticios (2023), Mosaico (2025) y Poliedro 8 (2025). En Mosaico, por ejemplo, aportó un relato que vuelve sobre uno de los núcleos más persistentes de su escritura: la relación entre paternidad, ternura, monstruosidad y paisaje austral. En conversación sobre ese texto, el propio autor ha señalado que muchas veces recurre a la fantasía para poder acercarse a materiales autobiográficos difíciles, desplazando la experiencia íntima hacia figuras animales o escenarios extrañados, sin perder con ello su carga afectiva y personal .

Su trayectoria como autor ha sido reconocida también en concursos y espacios del campo literario. En 2025 obtuvo el tercer lugar en el concurso Poliedro VIII con el cuento “La máquina de viento” y recibió una mención honrosa en el concurso de cuentos “Historias de Peso” del Banco Central de Chile con el relato “El vuelto” . Estos reconocimientos acompañan una trayectoria que se ha ido afirmando tanto en la escritura breve como en la construcción de una voz propia dentro de la narrativa especulativa chilena contemporánea.

En conversaciones públicas y entrevistas, Donald ha reflexionado largamente sobre el lugar de lo queer en la literatura, no como un asunto de mera representación identitaria, sino como una fuerza capaz de torcer, desarmar y desafiar estructuras narrativas, estéticas y políticas heredadas. Para él, una literatura verdaderamente queer no depende solo de quién escribe o de qué personajes aparecen, sino de la capacidad del texto para romper binarismos, desobedecer convenciones y abrir formas no domesticadas del deseo, del lenguaje y de la imaginación . Esa misma inquietud atraviesa tanto su catálogo editorial como su propia escritura.

A lo largo de su trabajo, ha defendido una idea de la literatura como territorio de riesgo, de comunidad y de transformación. Le interesan especialmente las obras que no se limitan a replicar moldes heredados, sino que preguntan por los miedos de este continente, por las ruinas que habitamos, por las formas del cuidado y por las posibilidades de imaginar otros vínculos entre cuerpos, especies, territorios y memorias. Desde esa mirada ha construido una trayectoria singular en la escena literaria chilena: una que articula escritura, edición, pensamiento crítico y gestión cultural sin separar nunca el trabajo con los textos del trabajo con las comunidades que los leen, los discuten y los sostienen.