Nº 29 | Narrativa | Fantasía | 2067 palabras | Esperanza del Pilar Gómez Sepúlveda | Chile

Un rugido, un rrr rrr y siento miles de dientes clavarse en la corteza del árbol que está a diez metros de mí. Su ciclo está por terminar de forma prematura, como nos pasa a la mayoría. Finalmente, manda por sus raíces todos los nutrientes que tenía almacenados y se pierde la conexión. Nunca más sé que pasa con los que acaban su ciclo. 

Quedamos cada vez menos de los que tienen aceites esenciales destilados en las glándulas de sus hojas dentadas que nunca se caen; de los que tienen entre hojas onduladas de cuatro pétalos, flores hermafroditas, y de los que terminan en copas piramidales con sus viejos y gruesos troncos cubiertos por placas hexagonales. Sin embargo, todo sigue su curso. 

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EXTRACTO INFORME ANÓNIMO 

La tala del bosque Nothofagus, ubicado en las cuencas, entre los ríos Toltén y Allipén, ha causado no sólo la pérdida de especies como el roble pellín, laurel chileno, ulmo, araucaria, mañío y olivillo, sino que también la pérdida del hábitat del huillín (Lontra provocax), tipo de nutria en peligro de extinción. 

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Aparecen los haces de luz y con ellos se liberó la histona H2A.Z en mi sistema para captar el calor. Aumentó la succión de H2O, que es acompañada por las ondas de distintas criaturas con aletas o patas. Una de ellas es un ser calórico que nunca antes había llegado a sentir. 

Dejo que mi resina se libere. Los hongos se alarman. Transmiten mi comportamiento por todas las raíces que están conectadas con las mías. Entonces, recibo la información de que no es una criatura externa a nuestro ecosistema. Corrijo mi reacción y lo comparto. 

Sus garras se clavan en mí para subir y llegar a la ribera. Siento los resoplidos que provoca, luego su lomo húmedo y alargado me rodea. Lanza un chorro de H2O, NH3, NaCl y CH4N2O. Cada árbol en que deja sus compuestos se vuelve un camino hasta su madriguera que es un espacio oscuro entre rocas y tierra. Todo vuelve a seguir su curso. 

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Uno de los míos manda una alerta. La acción del parásito globoso y de superficie pegajosa que hospedaba se ha vuelto perjudicial para su vida. Sus ramas, con agallas cancerosas, se quiebran ante el viento. Las esporas del hongo que ya no podrá subsistir se esparcen de a poco. 

Una de esas veces que el H2O llega a mis hojas en vez de a mis raíces, hay un envío masivo de nutrientes por su parte. Ha terminado su ciclo. Ahora su corteza se secará y ya no fluirá savia por su floema ni su xilema. Una conexión más que pierdo y no sé a dónde va. 

Las hifas de los hongos cubren mis raíces y libero C12H22O11 de mis reservas para alimentarlos, a la vez que ellos me entregan CO2. Durante el intercambio, les presento mi cuestión.

H-P-F

Me contestan.

CO2-N

Entonces, como ellos me han dicho les transmito mi mensaje a los de copa piramidal que deben tener la respuesta. Se conectan las vibraciones por las raíces y recibo: 

CREPÚSCULO

Comienzo a degradar su contenido. 

“Nunca me había detenido a pensar en cómo iba a morir”. 

Las araucarias ya habían decodificado para mí los nutrientes y comprendí que los que se van se convierten en celulosa y tinta, o como los llaman en Crepúsculo: libros. 

Voy a ser un libro. No. No sólo un libro, voy a convertirme en las páginas del mejor libro del siglo. Sí. Pero, ¿cómo me voy a convertir en el mejor libro del siglo?

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EXTRACTO INFORME ANÓNIMO

El huillín pertenece a la familia de los mustélidos, subfamilia de los lutrinos. Se caracteriza por su cabeza aplastada, cuerpo alargado, pies palmeados y pelaje de color café oscuro en la zona dorsal, mientras que en el vientre es más claro y en la garganta, de un tono grisáceo. Además, se distingue entre los de su propia especie gracias a su rinario de forma estrellada, el cual no presenta pelaje.

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Mi sistema ha iniciado una nueva etapa. Mis células se han dividido y formado las hojas que perdí cuando la tierra estaba fría. Algunas de ellas se transformaron desde su ápice en flores masculinas, que rompieron sus yemas. Luego, el viento esparció mi polen. El polen llegó al estigma de mis flores femeninas, entró al ovario y se juntó con el óvulo. Cada flor germinada se volvió un fruto, que fue alimento para los que anidan o cayó al suelo y se convirtió en el nutriente de los que descomponen. 

Todo sigue su curso y sigo perdiendo conexiones, pero sigo estable, inmutable. ¿Por qué he de esperar a que un factor externo me determine? Es lo que he hecho siempre, con el sol, con la tierra y con el agua. Esta vez, lo haré por mi propia cuenta. Seré un libro.

Activo el contenido de Crepúsculo en mi sistema. Para ser el mejor libro del siglo necesito un protagonista. 

Mis raíces buscan una criatura por mis alrededores y percibo el CO2 liberado por Crac-Crac. Entonces, comienzo a escribir. 

Edward y Bella nadan en el río, cazando para calmar su sed de sangre. Con ellos van sus hijos que, por cómo se mueven, están recién aprendiendo a nadar. 

Mando información por mis raíces. 

Hay una exaltación por parte del bosque. No saben si les envío nutrientes, anticuerpos o la señal de peligro. Así que, envío Crepúsculo y me preparo para mandar lo siguiente. 

Bella y sus hijos salen del río, se revuelcan en la tierra para secarse y se alejan, de seguro, a su hogar. Aún así, Edward se queda en el río, pues prefiere la soledad. Se refugia en mis raíces ante el crepúsculo del amanecer. 

H-H-CO2 

Las araucarias me piden que pare, que no es natural lo que hago. Pero es parte de mi ciclo porque mientras envío mis escritos todo sigue su curso. 

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EXTRACTO INFORME ANÓNIMO 

Las causas de su inminente extinción son: la caza ilegal, la destrucción del hábitat y la introducción de especies externas, como el visón americano (Neovison vison) y los animales domésticos, especialmente, perros y gatos, que son transmisores de enfermedades. 

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Ahora todo el bosque comprende la información que mando, así que decido concentrar la actividad que tienen mis raíces a las entradas del río para que tengan en consideración la presencia de Crac-Crac y poder volverme su historia. 

Edward, veloz como el rayo, recorre en segundos las distancias que presenta el río para encontrar a su presa. Se detiene, un pez que abre y cierra su boca no lo ha sentido. Saca su cabeza para inhalar y se impulsa hacia abajo con sus patas traseras. El pez se apresura en escapar. La persecución de Edward lo obliga a acercarse peligrosamente a la superficie. Es allí, cuando salta el pez fuera del agua y Edward detrás de él; sin embargo, no lo alcanza, sino que es atrapado por Jacob. 

Para ser el mejor libro del siglo también necesito un antagonista.

Esta criatura antes no vivía en el bosque, me comentan los olivillos. Desde que llegó se come a los salmones, a los patos que se posan en el río y hasta a los anfibios. Vive de forma similar a Crac-Crac, lo hace cuando el sol ya no está y se caracteriza por ser solitario. Ese Cruc-Cruc, que es tanto terrestre como acuático, es una amenaza para su supervivencia. Escribo un mensaje para los demás árboles. 

Las miradas de ambos depredadores quedan fijadas en los ojos del otro. Pasa a segundo plano el pez que ha dado su vida por su rivalidad. Claramente, no será la última vez que se vean, pero por hoy, Edward decide retirarse a las profundidades del dulce río con un hambre viva y Jacob sigue su camino con la presa robada.

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Las esporas se han incrustado en mi corteza. Al fin, terminaré mi ciclo ahora que tengo un FRÍO con forma de globo creciendo en las ramas donde se forman mis frutos. 

“—Ya sabes, los fríos han sido tradicionalmente enemigos nuestros, pero el grupo que llegó a nuestro territorio en la época de Tatarabuelo era diferente. No cazaban como lo hacían los demás y no debían de ser un peligro para la tribu, por lo que mi antepasado llegó a un acuerdo con ellos. No los delataríamos a los rostros pálidos si prometían mantenerse lejos de nuestras tierras”. 

Comunico por mis raíces, para que los demás entiendan que tengo uno de los parásitos que dependen de nosotros para sobrevivir y que espero que su acción acorte mi subsistencia para volverme la presa que es comida por el depredador y así ser el mejor libro del siglo.

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Los laureles, de aromáticas hojas dentadas, narran sobre los insectos. Los ulmos, de flores solitarias y ricas en néctar, narran sobre los pájaros. Las araucarias, con forma de paraguas en su copa, narran sobre los animales que viven en el bosque. Los mañios, con piñas femeninas y masculinas fértiles, narran sobre los animales externos al bosque. Y los olivillos, con sus flores en forma de estrella, narran sobre los peces. A pesar de ello, aún no soy un libro. Sigo solo siendo un árbol que cuenta historias. Ya no puedo seguir el curso. 

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Me encuentro leyendo el Perforador de árboles, como le han denominado los ulmos a aquella ave que le gusta picotear nuestra corteza, cuando una presencia invasiva corre hasta mí, me tira tierra y un líquido caliente. Guau-Guau. Su nariz intrusa inhala mi olor y siento las ondas que genera su lengua en el río. En ese instante, las ondas de Crac-Crac se hacen presentes y ambas se encuentran. Comienzo a escribir porque para ser el mejor libro del siglo necesito una gran aventura. 

Guau-Guau ha llegado a perturbar la tranquilidad de Crac-Crac. ¿Será un nuevo enemigo el que se le enfrenta a nuestro héroe? 

Crac-Crac, tras mover frenéticamente su nariz, parece que ha decidido ignorarlo para seguir el camino que lleva a su madriguera. Cuando sale del agua, un aroma lo desvía de su destino. Se acerca a mí, justo donde sigue estando la marca de componentes líquidos ajenos y la rocía con un explosivo chorro. Entonces, hay una fuerte vibración proveniente del pecho de su enemigo. Por su parte, clava sus garras en la tierra y enseña sus colmillos. Se aproxima un enfrentamiento. 

Crac-Crac, recoce que está fuera de su elemento. Sabiamente retrocede en dirección al río, sin abandonar su furiosa mirada. Pero debe acercarse para sumergirse y Guau-Guau  ha sido provocado por su acción. Su bramido se hace más fuerte. 

Guau-Guau le lanza un mordisco que se cierra en la nada. Nuestro héroe vuelve su cabeza para mostrar sus colmillos y demostrar que no tiene la guardia baja. 

Una vez en el agua, se siente más seguro y su enemigo más molesto. Lo busca, metiendo una de sus patas al río…Por lo que se siente es un ser grande y rabioso. Aún así, Crac-Crac no duda cuando se impulsa con sus patas traseras para saltar…como cuando está cazando…a pesar de que su presa mida seis veces su tamaño y…

La mordida alcanza su carne, cae sangre a la tierra y Crac-Crac herido bufa. Pero, no puedo continuar su historia pues un rugido, un Rrr-Rrrrr y siento miles de dientes clavarse en mi corteza. Estoy por terminar de forma prematura mi ciclo, como nos pasa a la mayoría. La vibración me invade. Pierdo la conexión con mis hojas, mis ramas, mi tronco. El H2O sube por mis raíces y no tiene a dónde ir. 

Los hongos se alarman. Ante ello, en mi sistema libero un extracto de Crepúsculo. 

“Oí el gruñido final del cazador como si proviniera de debajo del agua. Pude ver, a través del túnel en el que se había convertido mi visión, cómo su sombra oscura caía sobre mí. Como un último esfuerzo, alcé la mano instintivamente para protegerme la cara. Entonces se me cerraron los ojos y me deje ir”.  

Pero no podía dejar que todo siguiera su curso. No todavía. Tenía que terminar la historia de Crac-Crac, quien apoya su peso en mi tronco.

Crac-Crac deja de exhalar CO2 y se queda reposando en mis raíces desde donde me entrega sus nutrientes y sueño en que algún día podré en mis páginas tener sus aventuras grabadas.

Mando la información, junto a todos los nutrientes acumulados, y así todo vuelve a seguir su curso. 

Esperanza del Pilar Sepúlveda Gómez. Nacida, criada y educada en Quilpué. Ha participado en diversos concursos y talleres literarios desde temprana edad. Ha recibido el Segundo Lugar en la categoría de 8°básico por su cuento “La abeja reina y obrera” en el Concurso de cuento Baldomero Lillo (The Mackay School-2019) y una mención honrosa por el mismo, en el Concurso Juvenil CM (Aguja Literaria-2019). Ha creado su camino literario, junto a las enseñanzas de Sergio Carvacho Galaz (Aguja Literaria) y Donald McLeod Bravo (Editorial IMAGINISTAS).