Nº 25 | Narrativa | Fantasía | 1656 palabras | Luis Salfate | Chile

Ya, nos vamos. Voy a dejar la carpeta aquí, no se me puede perder. No tengo ninguna gana de ir, no quiero llegar, no quiero. Es una hora de viaje. Sí sé que sabes que es una hora, sí sé que bajamos juntos todos los domingos desde Andacollo, pero ahora es distinto, es la primera vez que vamos subiendo. ¿Por qué nunca subimos juntos? Ah, claro. Porque tú te venías los viernes y me esperabas hasta el domingo. Yo soy el que maneja y sabes que me carga hacerlo; lo hago porque es necesario. Ya me llamó mi mamá para preguntarme a qué hora iba a llegar, y dijo que ya debería estar ahí. Deberíamos tener un chofer, un negro rico de esos que te gustan a ti. Sí, que maneje sin polera todo el rato y con un pantalón cortito. Ya, vámonos mejor.

¡La carpeta! ¡Se cae! Deberías llevarla tú, pero así no ayudas mucho. Ah, no quiero. Cero, cero, cero ganas de ir. Tampoco me gustan las misas, ya sabes que hace mucho tiempo que no voy, años diría yo. Tú eres la que va, ¡eres del coro! La presidenta o no sé qué weá. Eso, sí. La representante. Y ni cantas. Eso fue para puro llenar espacio no más, mierda, porque les faltaba gente. Tú misma dijiste que movías la boca, si hasta tengo un video tuyo, cuando me tuve que hacer pasar por integrante también, porque no sé quién se les bajó y fuimos a cantar a Sotaquí, y después hasta cenamos con el obispo. Todavía tengo la polera esa que me prestaron. Que no me la robé, ustedes nunca me la pidieron. Tú sabes, desde mi viaje que no me gusta ir a misa.

¡No te rías! Si es verdad, tuve mi crisis existencial en Delfos, ¡o sea! No es agrandado, oh, pero te dije cuando te llamé de allá: tantas construcciones maravillosas para los dioses, tantas peregrinaciones a Atenas y Delfos ¡y a pie! ¿Y ahora qué? Nos reímos de ellos por creer en seres inexistentes. ¿Tú crees que no se van a reír de nosotros en mil años más? ¡Si es lo mismo! ¡Estamos llenos de templos y peregrinaciones! Yo no me presto para eso, no, mamita. No hables tanto tampoco, si de allá te traje los aros, esos que no te sacai ni pa’ dormir. En serio, no me gustan las misas, y lo sabes, pero lo haré porque no me queda de otra, lo hago por ti; nada más que por eso.

¿Qué? ¿Que nos conocimos en la misa? ¡Dime que es mentira lo que estás diciendo! ¡Retráctate! O te bajas cuando vayamos a cien por hora, porque no pienso ni parar, ¡te tiras no más! Si no, te dejo botada donde no tengas señal del celular. Como cuando te iba a dejar tirada cuando nos perdimos en el cerro y aparecimos por el patio de una casa, donde había unos patos en un canal. ¿Te acordai? ¿Y por qué te quería dejar tirada por allá? Ah, sí. Ya me acordé. Porque ibas a votar por Piñera, ¡y me dio una rabia! ¡Quería puro cachetearte! Ese mismo día fue cuando te comiste todos los helados de invierno que tenía para los niños de mi curso. ¡Que no estaban duros! ¿Te dejo botada de nuevo?

¡La carpeta! ¡Se cayó! Ya voy a parar aquí en el Peñón, en la gruta de la virgen. Tú aprovecha de pedirle lo de cada domingo. Por mientras ordeno los papeles que se volaron, no pienso abrir más la ventana. Estando aquí en la gruta siempre se me ocurría preguntarte algo: ¿crees en la vida después de la muerte? Yo no creo. Pero ¿qué queda después? Quizás ahora me conviene creer.

Papeles listos. ¿Te acordai de que aquí, cuando estaba la otra gruta, chocó el furgón escolar y se murieron los niñitos? Sé que te gusta pedir por ellos siempre. Sí, la mamá de uno es amiga tuya; quizás la vea hoy en misa. Quiero devolverme. ¿Y si no voy? Ya estamos a mitad de camino.

Oye, ¿en serio piensas que nos conocimos en las misas? Ah, ¡menos mal! Sí, me duele un poco la guatita, si de verdad que no quiero llegar, ya te dije. No estoy bien. ¿Cuántos años tenía en ese tiempo? ¿Cuándo nos encontrábamos en el bus? No sé si estaba en la media o ya en la U, pero parece que más de veinte. Ese tiempo fue súper loco, porque teníamos que comprar pasaje y siempre nos tocaba juntos. Ahí hablamos mucho, sobre todo de libros. ¡Nunca me devolviste el perfume! ¡Todavía me lo debes! Sí, era un libro pirata, pero me costó mucho dinero, o parece que me lo robé. Ahí sí estarías perdonada por no devolvérmelo.

Esos tiempos del bus fueron entretenidos, todo tan relax y solo hablando estupideces. Bueno, los domingos de bajada de Andacollo también hablábamos estupideces, pero antes éramos más relajados y tú te portabas pésimo. Los tiempos que fuiste nana con esa vieja desgraciada que te hacía la vida imposible… Menos mal que te fuiste de ahí. Lo malo fue que no nos vimos más; pasaron hartos años. Hasta que nos volvimos a encontrar en el bus, pero de bajada, cuando te fuiste a trabajar a tu amado hogar. Hasta que me compré el auto y ya los viajes fueron más exclusivos.

Como esa vez que acababan de atropellar a ese viejito… ¡Y lo vimos todo! Y estuvimos hasta la madrugada ahí porque no podíamos irnos, y tuvimos que hablar con carabineros, tus amados carabineros. Y todas las niñas te estaban esperando en el hogar porque tú les abrías la puerta. Ahora estamos tan viejos, ¡no somos nada!

Mira, ¿y si pasamos al Manzano? Aquí, donde le celebramos el cumple a mi mamá. Ahora que me acuerdo, cuando te fuiste al depa a almorzar conmigo dijiste que no comías arroz y, viendo la foto de ese cumple, ¡tenías el plato lleno de arroz! ¡Maldita mentirosa! Ya, sí es cierto… ¿Cómo vamos a pasar al Manzano? ¡Es para no llegar tan luego!

Ahí, mira el pilar, el poste que choqué cuando me di vuelta en el auto. Casi me voy primero. Y te hubiera tocado a ti.

Pero déjame recordarte que en los viajes tampoco fue la primera vez que nos vimos. Me gusta ese recuerdo. Tengo que haber tenido como once años o doce; íbamos al parque con toda la escuela. Yo amaba los néctares de durazno en botella, y mi mamá me puso uno ahí, que lo guardé para tomármelo al último. No pensaba compartirlo con nadie. Y la mugre de botella no sé cómo se rompió en el lonchero; más encima, metí la mano y me corté con los vidrios. ¡Por la chucha! ¿Te acordai de eso? ¿Te acuerdas? Yo sé que sí, sé que te acuerdas, tanto como yo.

Ahí fue, ese día fue. No me acuerdo por qué el bus que nos llevaba al parque paró ahí, en el restaurante de tu padrino, donde trabajabas. Me bajé y me viste con la mano con sangre; te diste el tiempo de curarme la mano y limpiarme todo el lonchero. Nunca, nunca me he olvidado de ese día. Hasta me acuerdo de cómo andabas vestida y cómo me hablaste. ¡Qué loco! Desde ahí que la vida nos estaba juntando. Por ti creo en la historia del hilo rojo. Tú me la contaste.

Estábamos destinados, maldita estúpida. Y harto que me has aguantado. Te quiero, maraca, te quiero tanto. No sé qué voy a hacer ahora. ¿Qué hago?

Igual es un poco extraño ir de subida a Andacollo, cuando lo común es bajar. Y como me pide tu mamá, te dejo en la puerta de tu casa. ¡Pero si ya estás vieja! Cumpliste cincuenta el año pasado, pero como el vino, amiga. Cada día más estupenda. ¡Acuérdate de los planes! Juntar dinero para irnos de vacaciones en 2027, queda poco para eso. ¿Qué son dos años? ¿Qué podría pasar? A donde nos alcance la plata no más, en eso quedamos. La idea era hacer el viaje juntos.

Ya, saca las monedas para tirarle a San Antonio, para que nos traiga un novio. Aunque llevamos tirando monedas hace rato y nada. Yo lo hago cuando paso contigo no más, si me da lo mismo. ¿Sabes lo que significa pasar por aquí? Sí, que estamos llegando. Lamentablemente. Deberíamos parar en algún lado, en la Cruz Verde, y así miramos Andacollo desde la altura.

¿Sabes? A ratos pienso en el 2027 y me baja un odio contra ti. Pero recuerdo la botella de néctar de durazno y ya no te odio. Mi mano con sangre me hace quererte de nuevo. Tú no sabes, pero siempre estuve muy agradecido de lo que hiciste por mí. Desde ahí que te quiero, yo creo. Pero no estoy dispuesto a perdonarte. No, señora.

Ya, es hora. ¡Llegamos! Solo son como tres minutos más tarde de lo esperado. ¿Dónde quedó la carpeta? Voy a revisar si las hojas están ordenadas. Sí, son solo dos; es imposible que estén desordenadas. Ya me está llamando mi mamá de nuevo. No le voy a contestar. Me quedo aquí contigo mejor. Quería llegar más tarde, pero, aunque me programo, llego temprano igual. Sé que tengo que estar. No me gusta. Además, ya te vi ayer en tu casa. Y había tanta gente.

¡Pero mira! ¡Si no hay ni dónde estacionarse! ¡Si todo es tu culpa! Voy a tener que caminar como cinco cuadras. ¡Estoy furioso! ¡Furioso contigo!

¿Qué cómo me siento? No sé cómo siento, ¿vacío? ¿Triste? ¿Desgarrado? ¿Enojado? Sí, sé que me tengo que bajar. Se hace tarde, me deben estar esperando para hablar. La carpeta, la carpeta. ¿Te gusta? Espero poder leerlo completo, sabes que lo hago por ti. Lo escribí anoche, me reí mucho. Dijimos que si uno moría primero el otro hablaría en su funeral. ¡Deséame suerte!

Luis Salfate (Andacollo, 1987) es profesor con 16 años de experiencia y reside en La Serena. Desde 2023 ha impulsado proyectos editoriales junto a sus estudiantes, con quienes ya ha publicado un libro y se encuentra preparando el segundo. Además de la docencia y la escritura, comparte su vida con un gato.