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[RESEÑA] Frankenstein ~ El hermoso monstruo

de Daniel Maturana 

Tiempo atrás decidí adquirir un tomo de la novela clásica “Frankenstein o el moderno Prometeo”, inspirado por saber que a su autora no le dieron crédito en su momento. Estamos en los inicios del 1800 y la mujer no tenía permitido escribir de cosas distintas al amor, si es que acaso se les permitía comunicarse. Sólo las de alta alcurnia cometían tales atrevimientos y en el caso de Mary Shelley, perdió sus privilegios en forma repentina. Pero ella tenía un privilegio mayor: las figuras literarias y los mensajes encriptados. Rodeada de amor superfluo y amistades de interés, ideó un sistema interesante para plasmar como los creadores caen víctimas de sus propias creaciones. Y no es una apología bíblica cristiana como la fantasía de Las crónicas de Narnia, sino más bien, un interés genuino de Shelley por descifrar el mundo sin dioses. Cuando avanzaba en cada página, podía oler sus escasos tiempos secretos para escribir y podía imaginar a la vez, como escondía las hojas y las marcaba para ordenarlas. ¿Qué locura es esa de suponer que un ser humano puede crear vida? Seguramente escapaba de esas críticas destructoras, las cuales hubieran, a lo mejor, evitado ver su magnífica obra. Mi otro interés de ver su novela y estudiarla, fue darme cuenta de que el origen de la ciencia ficción no es Verne, Poe, Lovecraft o la insigne obra La máquina del tiempo de Wells, sino lisa y llanamente, Frankenstein. Venía analizando si había diferencias notables entre la fantasía y la ciencia ficción y mi descubrimiento fue asombroso: la fantasía ha estado desde el origen de la escritura prácticamente, pero la ciencia ficción necesitó del método científico y su apogeo para ver la luz: las realidades posibles basadas en evidencias científicas de la época del autor. Entonces, no es un autor, es una autora la que usa elementos de la medicina, como saber que los impulsos eléctricos comunican células, lo que se intenta hacer ver en las adaptaciones cinematográficas. Grueso error. En toda la novela no se menciona ni se explica como se da la vida al monstruo, a diferencia de las torpes visiones hollywoodenses, que intentaron cambiar el espectro del texto hacia el terror visual, sin ni siquiera entender el terror oculto de las descripciones. Literalmente, si la obra hubiera sido pensada como terror por Shelley, este mismo da más miedo que todas (recalco, todas) las adaptaciones en pantalla grande. Y es que el hecho claro es el protagonista: el estudiante de pregrado de nombre Víctor Frankenstein. El monstruo ocupa menor porcentaje del libro respecto a Frankenstein y el nombre mismo de la novela debe demostrarnos la razón: las vicisitudes y complicaciones de superar el estándar, lo clásico, el status quo… lo impuesto. Shelley es el estudiante (no doctor) que, motivado por la curiosidad, descubre cómo dar vida, pero también es el monstruo sin nombre, inteligente, sagaz, compasivo, exento de moral, que escapa y recorre una minúscula parte del mundo para observar el comportamiento humano. Nunca entendió las razones de Frankenstein. ¿Acaso el monstruo y el estudiante son respectivamente, el libro y Shelley? ¿Qué ocurrencias podría tener Mary que provenía de una madre feminista (de las primeras conocidas) y de círculos no religiosos? Tal vez demostrar que también podía escribir. En cuanto a esto último, he visto críticas sobre su prosa y la forma de expresión del libro, el cual tiene comportamientos y expresiones planas de sus personajes, refiriéndome al repetitivo error de un escritor novel (mi primera novela ha tenido al menos cuatro retoques de mi parte). ¿Es Shelley la culpable? ¿Tenía acceso a tantos libros como nosotros? Claramente no. La relación monstruo-Frankenstein toma altos y bajos en la historia, como si el propio yo escapara de uno y fuera mejor como ser humano. Increíblemente, a varios autores los he visto tomar esto de forma recóndita, desconociendo de mi parte si lo hicieron adrede o por simple influencia. Si leíste Frankenstein, verás entonces al monstruo escapando por la ribera, similar a Montag en Farenheit 451. El monstruo inteligente, pero separado en varios “poderes”, lo verás en Más que humano de Sturgeon. Y sí, el monstruo era muy inteligente, totalmente opuesto a las adaptaciones, aunque debo reconocer que “I, Frankenstein” y la aparición del monstruo en Van Helsing, quitaron algo de la estupidez. Quiero remarcar en el final, a Úrsula Le Guin y el Mago de Terramar, donde Ged está toda la novela luchando con una sombra que resultaba ser él mismo. ¿No es clara la influencia? 

La obra de Shelley nos demuestra que juzgar al creador es parte del juego y que ciertas piezas son difíciles de entender, como la capacidad del ser humano para dar vida, demostrado mediante un Víctor, un hombre que logró prender la luz de un nuevo ser, igual que la mujer durante toda su evolución. 

Frankenstein o el moderno Prometeo. Mary Shelley (1823). 


AUTOR
Daniel Maturana

Amante de la ciencia ficción, comenzó sus letras con ensayos socioculturales.
Las respuestas que la realidad no pudo proporcionarle las
plasmó en su novela de ciencia ficción llamada “Emisor y receptor”
en Primeros Pasos Ediciones y en Cuentos inesperados, material autogestionado
que incluye ilustraciones de numerosos artistas y fue publicado en formato digital.
Durante el 2018 obtuvo una mención honrosa por el thriller “Tibio témpano de
nuestra calidez”, la cual se publicaría meses después por Aguja Literaria.
Rescatando letras locas y sueltas de sus vivencias, ha mostrado diversos relatos cortos de
ciencia ficción por sus redes sociales y está gestando su universo paranoico
(con dos borradores completos) sobre viajes en el tiempo,
que le ocupa gran parte de su horario escritor.

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